La vida da muchas vueltas. Historia de cómo caí en la Tierra y por qué #MeQuedoAquí

Mi presencia en la Tierra empezó por accidente hace unos pocos años… A día de hoy ya casi me considero un terrícola y ya hace tiempo que decidí que #MeQuedoAquí, pero como todo en la vida los principios no fueron fáciles. La adaptación no ha estado exenta de dificultades y de momentos en que llegué a pensar que jamás podría entender determinados comportamientos humanos.

Todo empezó un viernes por la tarde, que como era tradición en aquella época, cogía mi nave para pasar el fin de semana en una pequeña choza que tengo como segunda residencia en Burgashot, un satélite que dista unos 10.000 km del planeta del que soy originario. Como siempre marqué coordenadas, puse el piloto automático y empecé a ver en realidad virtual algunas de mis series favoritas, aquellas que con el trajín de la semana no hay manera de que pueda completar temporadas. Sin embargo, al poco tiempo del despegue, caí en un profundo sueño y un par de horas más tarde me encontré varado con mi nave a un lugar totalmente desconocido. El GPS  me había jugado una mala pasada, de hecho ya me había dado algún problemilla unos días antes, gajes de saltarme las revisiones trimestrales que  recomendaba el fabricante.

De repente me encontré  en lo alto de una montaña, en un territorio de un intenso color verde rodeado de plantas muy altas, que los lugareños llamaban pinos.  En el horizonte una visión de extraños personajes muy ligeros de ropa, que se encontraban tumbados en una superficie de color albero, a los pies de una enorme extensión líquida de color entre azul y transparente. Con el tiempo me enteré que había caído en plena Costa Brava y que en ese extraño lugar era lo que llamaban agosto.

De entrada la situación supuso un auténtico shock. Maldije mi suerte y el momento que, desoyendo los consejos de mi sufrida madre, decidí que me saltaba a la torera la revisión del GPS. Pero ya puestos, me propuse sacarle el máximo jugo a la experiencia, ya que no cada día cae Uno en un planeta extraño. Lo primero que hice fue recurrir a mi aparato de visión de infrarrojos que me compré en rebajas, el cual permite visualizar y transformar la visión en holograma con un alcance de hasta 15 megasorts, lo que vosotros consideráis 15 km. Desde mi atalaya privilegiada estuve semanas observando en silencio y sin ser visto las cosas tan raras que hacían los humanos, quería entenderlos y estudiar todos sus movimientos antes de empezar a interactuar con ellos. Lo que más me sorprendió en aquel momento es lo contentos que estaban todos, si bien más tarde descubrí que no siempre era así, que aquello tenía truco, había caído en el planeta Tierra el día Más Feliz del Año.

Continuará…

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